El costo real de una importación: todo lo que no está en la factura del proveedor
Flete, seguro, aranceles, almacenaje, transporte interno. Si no se reparten sobre la mercancía, vendes creyendo que ganas y el margen real es otro.
El error que se paga vendiendo
La factura del proveedor extranjero dice un número. Ese número no es lo que te costó la mercancía, y tratarlo como si lo fuera es uno de los errores de margen más caros que existen.
Entre el proveedor y tu estantería hay una lista de costes que, según el producto y el origen, puede añadir un porcentaje muy considerable al precio de compra:
- Flete internacional y seguro.
- Aranceles y demás cargas de importación.
- Gastos de agente aduanal y documentación.
- Almacenaje, demoras y manipulación en puerto.
- Transporte interno hasta el almacén.
Cuando todo eso se contabiliza como gasto del mes en lugar de repartirse sobre la mercancía, el inventario queda subvalorado y cada venta reporta un margen que no existe.
Cómo se reparte, y por qué el criterio importa
El reparto no es trivial cuando el embarque trae artículos distintos. Los criterios habituales:
- Por valor. Lo caro absorbe más. Es lo razonable para el seguro y para cargas calculadas sobre el valor.
- Por peso o volumen. Es lo razonable para el flete: lo que ocupa más, cuesta más de traer.
- Por unidades. Simple, y casi siempre incorrecto cuando los artículos son heterogéneos.
Un contenedor con electrónica ligera y con herramienta pesada repartido por valor le carga el flete a la electrónica, que casi no pesa. El resultado: un producto artificialmente caro y otro artificialmente barato, y decisiones de precio equivocadas en los dos.
Lo más práctico es repartir cada concepto por el criterio que le corresponde: el flete por peso o volumen, el seguro y los aranceles por valor. Un solo criterio para todo es más fácil y da un costo peor.
El problema del tiempo: los costes llegan después
La complicación práctica: la mercancía llega y se empieza a vender antes de que estén todas las facturas de gastos. La del agente aduanal llega a las dos semanas; la demora del puerto, al mes.
Si se espera a tenerlo todo, no se puede vender. Si se recibe sin costos, el costo nace mal. La salida es trabajar con un costo estimado al recibir y ajustarlo cuando llegue cada gasto real, con el sistema recalculando lo que ya salió.
Y ahí es donde importa el método de costeo: el ajuste posterior se comporta de forma distinta con promedio que con PEPS.
Qué debería resolver el sistema
- Un expediente de importación que agrupe la compra y todos sus gastos, con lo pendiente a la vista.
- Reparto por el criterio que corresponda a cada concepto, no uno solo para todo.
- Recepción con costo estimado y ajuste posterior sin rehacer nada a mano.
- El costo final visible por artículo y por embarque, para poder comparar orígenes.