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El límite de crédito: qué hace, qué no, y por qué casi siempre se salta

Un límite que se puede saltar sin dejar rastro no es un límite. Cómo ponerlo para que sirva sin frenar la venta legítima.

Para qué sirve de verdad

El límite de crédito no está para decir que no. Está para obligar a que alguien decida cuando se pasa de una cifra, en vez de que la exposición crezca sin que nadie se dé cuenta.

Esa es la diferencia entre un límite útil y uno decorativo: el útil interrumpe. Si el sistema avisa pero deja seguir, y nadie revisa esos avisos, el límite no existe.

Cómo se salta en la práctica

De lo que hemos visto implantando esto, las formas de saltárselo son siempre las mismas:

  • Se factura por otra vía. Una factura manual, otro punto de venta, otra empresa del grupo.
  • Se sube el límite «temporalmente» y nadie lo baja. A los seis meses el límite es el histórico de excesos.
  • El límite no cuenta los pedidos pendientes. El cliente está al 90% del límite y tiene tres pedidos por entregar que lo van a superar. El sistema los deja pasar porque aún no son facturas.
  • Se compara contra el saldo de hoy, no contra el vencido. Un cliente puede estar dentro del límite y tener todo vencido: el número dice que sí y la realidad dice que no.

La comprobación que revela si tu límite sirve: busca cuántas ventas se aprobaron por encima del límite el último trimestre y quién las aprobó. Si no puedes responder, no tienes un límite: tienes un campo.

Cómo ponerlo para que no frene la venta

El riesgo del otro lado es real: un control demasiado rígido convierte cada venta en un trámite y acaba desactivado. Lo que funciona:

  • Que la aprobación sea rápida y quede registrada. Un responsable, desde el móvil, en un minuto — y con rastro de quién aprobó qué.
  • Que el bloqueo distinga motivos. No es lo mismo superar el límite que tener facturas vencidas. El segundo caso es más grave y debería frenar antes.
  • Que cuente el compromiso total: facturado más pedidos pendientes de entregar.
  • Que el límite se revise con datos. Un cliente que lleva dos años pagando puntual merece más límite; uno que empezó a alargar, menos.

Y un detalle de implementación que importa más de lo que parece: el límite tiene que vivir en un solo campo. Hemos visto sistemas con dos campos de límite de crédito heredados de distintas épocas, donde uno se mostraba y el otro se validaba. El resultado es un control que parece activo y no lo está.

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En Zyntello el límite cuenta facturado y pedidos, distingue exceso de vencido, y la aprobación deja rastro de quién la dio.