Condominios: por qué la cuota no se cobra y el fondo nunca alcanza
La morosidad en un condominio no es un problema de cobranza: es de transparencia. Quien no ve en qué se gasta, deja de pagar.
El círculo que se retroalimenta
La administración de un condominio tiene un problema que se realimenta solo: quien no entiende en qué se gasta su cuota, deja de pagarla. Y cuantos menos pagan, peor se mantiene el edificio, lo que da más motivos para no pagar.
Romper ese círculo es menos cuestión de perseguir y más de que cada propietario vea, sin pedirlo, qué debe y en qué se fue lo que pagó.
Lo que falla en la práctica
- El estado de cuenta llega tarde o no llega. El propietario se entera de que debe cuando ya debe tres meses.
- El recargo por mora se aplica a ojo. Unas veces sí, otras no, según quién reclame. En cuanto se sabe que es negociable, deja de disuadir.
- Los pagos no se identifican. Transferencias sin referencia que nadie sabe de qué apartamento son.
- Las cuotas extraordinarias se mezclan con las ordinarias, y el propietario no distingue qué es el mantenimiento y qué la derrama del ascensor.
- Nadie ve en qué se gasta. El informe se presenta en la asamblea, una vez al año, en papel.
Qué cambia cuando se resuelve
- Estado de cuenta accesible en cualquier momento, no cuando alguien lo pide. Lo que se ve, se paga.
- Mora calculada por regla, igual para todos y automática. Deja de ser una negociación.
- Recibo automático al recibir el pago, con la referencia que identifica la unidad.
- Ordinarias y extraordinarias separadas, cada una con su destino.
- Gastos a la vista: en qué se fue el dinero, por partida y por mes.
- Fondo de reserva con su saldo, para que la derrama no sea siempre la única salida.
La medida más efectiva suele ser la más simple: que cada propietario pueda ver su saldo y el gasto común cuando quiera. La morosidad baja sin que nadie persiga a nadie, porque deja de haber la sospecha de que el dinero se pierde.