Flujo de caja proyectado: saber cuánto habrá, no cuánto hay
El saldo de hoy no decide nada. Lo que decide es cuánto habrá el día 25, cuando toca la nómina y vence el pago del proveedor grande.
Tener dinero y poder gastarlo no es lo mismo
Mirar el saldo del banco responde a una pregunta poco útil: cuánto hay ahora. La pregunta que decide es otra: ¿cuánto va a haber el día que tenga que pagar?
Empresas rentables se quedan sin caja constantemente, y casi nunca por falta de margen: por desajuste de fechas. Cobras a 60 y pagas a 30, y entre medias hay una nómina.
De dónde sale la proyección
Lo bueno es que casi todo el dato ya existe, repartido:
- Lo que vas a cobrar: facturas pendientes con su vencimiento. Ajustado por lo que ese cliente suele tardar de verdad, no por lo pactado.
- Lo que vas a pagar: facturas de proveedor pendientes, con su vencimiento.
- Lo comprometido y no facturado: órdenes de compra aprobadas que llegarán.
- Lo recurrente: nómina, alquiler, servicios, impuestos. Es lo más fácil de proyectar y lo que más pesa.
Si todo eso está en el mismo sistema, la proyección es una consulta. Si está en cuatro sitios, es un Excel que alguien rehace cada semana y que está desactualizado el mismo día.
La parte que la hace útil: el realismo
Una proyección que asume que todos pagan el día del vencimiento no sirve. Es optimista por diseño y por eso nadie confía en ella.
- Ajustar por el comportamiento real de cada cliente. Si uno paga siempre a 75 cuando pactó 60, proyéctalo a 75.
- Separar lo seguro de lo probable. Una factura vencida de un cliente que no contesta no es un cobro: es una esperanza.
- Ver escenarios. Qué pasa si el cliente grande se retrasa dos semanas. Eso es lo que convierte la proyección en una herramienta de decisión.
El valor no está en acertar la cifra: está en ver el hueco con tres semanas de antelación. Con tres semanas se negocia un plazo o se adelanta un cobro. Con tres días, se pide un préstamo caro.